jueves, marzo 23, 2006

La cuádruple raíz del principio de quejarse lo suficiente

No sé si esto sea un chiste o no, pero mientras escribía algo serio surgió una tontería. Espero que les de risa y que le puedan encontrar la cuádruple raíz.

La cuádruple raíz del principio de quejarse lo suficiente.


-¡Ingas! –dobló los labios en un gesto de repugnancia, mostrando sus dientes amarillos y expandiendo al máximo sus fosas nasales. Sus ojos lo miraban con el ceño arrugado; pero eso no lo molestaba en absoluto. Ella debía quejarse, estaba en todo su derecho.
-¿Cuál es el problema, su Majestad? –articuló el lacayo con calma.
-¡Te echaste un pedo! ¡Cochino! –afrimó la reina, que al escuchar un extraño sonido, no pudo hacer otra cosa que culpar al sirviente.
-No lo lamento, su Majestad. Era algo que no podía evitar, usted quiere que yo esté aquí, cuidándola veinte horas al día. ¿Me cree sobrehumano?
-¡Te creo mi sirviente, imbécil! ¿Cómo te atreves a contestarme así? –dijo la divina regia al mismo tiempo que se levantaba del trono.
-¿Usted no caga? –preguntó el infeliz, mirándola directamente a los ojos con una cara de infinita curiosidad. Como si èl no supiera que la realeza también debe deshacerse de lo digerido.
-¡Guardías! ¡Llevense a este insolente de aquí! ¡No lo quiero volver a ver jamás! –manifestó su enojo a gritos y los guardas no tardaron en llevarse al criado por la puerta principal.

«Estos imbéciles jamás van a respetarme, son escoria» -pensó mientras expulsaban a aquel patán de su palacio. Volteó para todas partes del cuarto donde estaba y se aseguró de que no hubiera nadie. De pronto se escuchó un sonido majestuoso, inigualable y muy, pero muy desagradable. “Por eso me gusta ser la reina –dijo – porque puedo hacer cochinadas cuando quiera sin que nadie lo sepa.”

Una voz le sorprendió al decir: “¡Asquerosa mujerzuela! ¡Te me largas de aquí ahora mismo!”

-Pero, amor. ¿Tú no cagas? –cuestionó al rey con seriedad.
-¡Guardías! ¡Encierrenla con los marranos por una semana! –declaró el rey.

Y cuando hubieron salido del cuarto con su mujer, se sentó en el trono, cerró los ojos, pujó... y por tercera vez se repitió el deplorable ruido que había ocasionado ya tantos problemas en palacio.

-Por eso me gusta ser el rey – dijo.

1 Comments:

Blogger hirammm said...

que bueno que yo me puedo echar pedos en todos lados, menos en el cuarto de pepe.

:)

saludos we. no pienses que por no haber comments, nadie lee

2:51 p.m.  

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