sábado, febrero 18, 2006

Cuando Dios Ataca...


Para quien se ofenda por lo que escribo le advierto: ¡Me importa un carajo! Debo sacar esto de mi mente ahora mismo en la manera más ofensiva posible porque si no voy a salir a buscar a esos dos mongoloides y reventarles los glóbulos oculares para pisotearlos y obligarlos a comerse el jugo que quede en el pavimento.

Molestaron en la puerta del departamento, Domingo(mi primo) se asomó enojado y me dijo que eran unos malditos testigos de Jehová que lo visitaban casi semanalmente queriendo convertirlo en testículo de Jehová. Se indignó a abrir la puerta, pero como había ruido en el departamento... los testículitos sabían que había algún cabrón adentro... Y vaya cabrón que se encontraron :) ¡Maldita sea! ¿Por qué les abrí? Jamás en toda la vida había conversado con individuos tan insensatos. Bueno... Ni voy a empezar a describirlos porque con sólo verlos se notaba la clase de idiotas que eran.

-Buscamos a Domingo Chávez, ¿se encuentra aquí?

-No, él ya se regresó a México.

-No le creo.

-Pues es verdad, ¿qué necesita?

Para empezar se presentó, a los cinco segundos olvidé su insípido nombre. La polilla hizo un gesto haciéndome saber que quería pasar, de ninguna manera se lo iba a permitir. ¿Cómo se atreve el hijo de la gonorrea?

Empezó por decirme que este edificio tenía un diseño, que era una tontería creer que se había construido solo. Le contesté: "¿y?"

-Pues así como este edificio tiene un diseño, nosotros también lo tenemos, y tenemos un diseñador que es Dios. -se atrevió a contestarme el méndigo insecto.

-¿Y qué con eso? -volví a cuestionar.

-Vengo a invitarlo a rendirle cuentas a ese ser que lo diseño. -¿Invitarme? Quería decirle que fuera a invitar a su madre a venderse a la esquina como lo hizo nueve meses antes de parirlo, pero me abstuve. Tenía que contener esas palabras, no estoy en mi tierra y quien pelea fuera de su tierra es tan escaso de razón como ése, sí, ese testículo que padece de alguna deficiencia mental.

-¿Rendirle cuentas? ¿Por qué? -puse la mano en la puerta intención de cerrarla.

-Porque él nos hizo. Y le debemos eso. -articuló el comediante.

-¿Y de qué manera se le rinde cuentas? ¿Haciendo lo que usted hace? ¿Ir de puerta en puerta intentando convertir a la gente en Testigo de Jehová? -me atreví a pronunciar.

Esto fue la llama que encendió uno de los múltiples discursos absurdos que manifestó el falto de conciencia.

-No, por su puesto que no. Nosotros traemos el mensaje. -aclaró. A su manera, claro, porque yo quedé igual de confundido al escuchar esas palabras.

-¿Qué mensaje, disculpe usted? -traté de expresar mi turbación.

-Bueno, pues eso que acabo de decirle, ja, -se determinó a sonreir- que Dios nos creó a todos y debemos rendile cuentas porque en cualquier momento va a ocurrir una fatalidad y sólo nosotros tenemos el amparo del creador. Así que hemos venido a invitarlo a rendirle cuentas a Jehová. -emitió esos sonidos que no quise haber comprendido, su velocidad para hablar era tan lenta que en realidad creo que me hipnotizó por un momento porque apenas se fue quería golpear a alguien.

-Sí, esa fatalidad se llama muerte, señor. Y no se necesita el amparo de nadie para morir, además, a como lo entiendo... Dios no es un "quién", sino un "qué". Yo soy ateo y no creo en nada, gracias por la invitación, tenga suerte con el vecino. Que pase un buen día. -comenté harto y sin remordimiento alguno. Por supuesto que esas no son mis creencias, no soy ateo y tampoco soy tan cruel como para pensar que la muerte es una fatalidad y que morir solo es la mejor manera de hacerlo... Sólo deseaba que esos dos mequetrefes se largaran de aquí.

-¿No cree en nada? ¿Entonces usted no cree que está aquí hablando con nosotros? -sentenció el papanatas.

¿Por qué insiste? -pensé.

-No, no creo que usted y yo estemos hablando en este momento, de hecho, usted es una ilusión y quiero que esa ilusión desaparezca lo antes posible. -me determiné a echarlo de mi propiedad.

-¿En serio? ¿Entonces en qué cree usted? -preguntó.

-En nada, y no quiero creer en los testigos de Jehová. -le declaré.

-¿Cómo puede juzgar algo que no conoce? Lo estamos invitando a la salvación de la repentina fatalidad que lo acecha. -solté una carcajada y su hijito cerró los puños, que aunque era más alto que yo, calculé que de un golpe lo podía tumbar.

-¿De qué manera piensa usted salvarme de la muerte? -me mostré indignado.

-Dios tiene una manera muy peculiar de protegernos. -me dijo.

-¿Entonces usted no se va a morir? -le interrogué, esperando sorprendido alguna una respuesta racional.

-Claro, pero no de la misma manera que usted. -expuso.

-¿En serio? ¿Y cómo se va a morir usted, lo sabe? -acentué el "usted". Sólo para molestar el testiculito.

-No los sé, pero la humanidad es muy mala y no falta mucho para la catástrofe. -escupió esas palabras.

-Sabe que... ya quiero regresar a leer. -le lanzé la verdad.

-Sí, nos ha pasado con gente atea antes que nos ignoran o se burlan de nosotros. -quiso hacerme sentir culpable... obviamente.

-¿Gente atea? ¿Creyó todo lo que le dije? Le estába diciendo eso para que se fuera... -manifesté con palabras mi pensamiento.

-Nosotros queremos que confié en nosotros, jóven. Usted parece muy inteligente, tal vez no pueda seguirle el paso en la discusión porque me falla la computadora -dijo, señalándo su cabeza.

-¿Cómo puedo confiar en alquien que confunde su cerebro con una computadora? -versifiqué.

Esta conversación en realidad sucedió, en verdad me puse así y el idiota no se iba. Estoy tratando de recordarla toda palabra a palabra pero estoy omitiendo algunas cosas innecesarias.

-¿Cómo puedo confiar en alguien que no cree que estamos aquí hablando? -imitó mi pregunta, le cambió el contexto.

-Yo no quiero que confie en mí, usted fue quien tocó mi puerta. -anuncié y le dí tres golpes a la puerta, copiando su forma de llamar la armazón de madera que me protege.

-Eso sí que es gracioso. -indicó.

Bueno... ¿Este hombre está demente? En verdad este despreciable defecto humano empezaba a irritarme.

-Sí, ¿verdad? Qué risa... -dije esperando que se fastidiara.

El asqueroso animal sonrió, mostrando sus dientes negros. Interrumpí una nueva carcajada... si no lo hacía su hijito se iba a enojar otra vez, jajajaja. Bueno... ya me cansé de recordar estas estupideces, el punto es que esto duró alrededor de veinte minutos y finalmente me dió la gracias por ser una de las pocas personas que usa el cerebro.

-De nada, que tenga buen día. -hablé sarcásticamente. Por supuesto que no le deseaba un buen día esa vil sabandija. Deseaba que le llegara la fatalidad de la cual hablaba.

-Dios es todo. -articuló nuevamente.

-¡Qué bueno! ¡Adiós! -el mono antropomorfo parecía no comprender. Debí haberlo pateado en el culo para que volara hasta las selvas de Sumatra y Borneo con sus familiares de pelaje espeso y rojizo.

-En la biblia viene la palabra de Dios. -dijo el primate antropoide.

-La biblia la escribieron hombres dementes. -dije.

-¿La ha leído? -preguntó.

-No, ¿para qué necesito leer ficción barata? -me dió por improvizar algún insulto en contra la mediocre obra "literaria".

El piró, hijo de la gonorrea no se iba... ¡Me niego a llevar a cabo este tipo de discusiones absurdas! ¡Al diablo con todos aquellos pesados comediantes violadores mentales!

¡Testigo de Jehová hijo de la gran puta! ¡Muere!

4 Comments:

Blogger paco said...

los mejores insultos, ever
jajaj

9:15 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Muy interesante...aunque pobre hombre! haha quien lo manda a toparse contigo :P

10:22 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

qué cree que consigue con insultar a esa persona ??? qué mal le hizo???

Que mente tan cerrada tiene usted .... la ignorancia es atrevida!

6:08 p.m.  
Blogger O. said...

Consigo mi muy cariñosa satisfacción personal querido anónimo. El mal que me ha hecho es, para mí, muy claro. La ignorancia es atrevida, cierto, pero no soy yo el atrevido, sino quien vino a tocar la puerta de mi casa con intenciones malsanas, porque creame, que nadie en su sano juicio tendría la idea de salir a molestar a los demás. Que tenga usted un muy buen día, anónimo.

9:31 a.m.  

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